El movimiento MeToo en China consigue sus primeras victorias judiciales pese a la censura oficial

Liu Li ha pasado un año dando una batalla que muchos consideraban perdida. Inspirada por la marea de testimonios vinculados al #MeToo que han aparecido en China, el año pasado presentó una demanda contra su antiguo empleador, un trabajador social reconocido y premiado al que acusa de abusos sexuales que tuvieron lugar hace cuatro años.

Durante el proceso, Liu Li –no es su nombre real– vio como su vida era objeto de escrutinio tanto dentro como fuera de los tribunales. La defensa argumentó que algunas publicaciones en la red sobre la obra Los monólogos de la vagina sugerían que se mostraba «abierta» a insinuaciones sexuales. Sus amigos y conocidos, sin darse cuenta de que Liu Li estaba implicada, dijeron que la persona que demandaba era una mentirosa en busca de notoriedad.


Pero gracias a la ayuda de grupos de defensa de los derechos de las mujeres y de un abogado, no tiró la toalla. El 11 de julio, un juzgado de Chengdu falló a su favor y ordenó que su antiguo empleador hiciera pública una disculpa. La victoria, aún modesta, es una de las primeras logradas por el movimiento #MeToo en China, nacido hace apenas un año cuando una decena de mujeres acusaron a un grupo de hombres vinculados a los medios de comunicación, la universidad, el mundo asociativo y el sector tecnológico, entre otros, de abuso y acoso sexual.