El mundo según Netflix

Durante meses después de la elección presidencial de 2016 no quería nada más que escapar de Estados Unidos. No lo digo en el sentido literal, con aquellas bromas cliché de mudarse a Canadá, sino intelectual, social y psíquicamente. Donald Trump era el tema en boca de todos y quería resguardarme. Necesitaba encontrar lugares en los que el presidente electo, sus opositores estadounidenses y las polémicas estadounidenses no tuvieran tanto peso.

Encontré el santuario en un programa de telerrealidad británico sobre repostería. Y lo encontré en Netflix, que se ha vuelto el portal más invaluable y embriagante del internet hacia partes del planeta Tierra que no son Estados Unidos.


El domingo, Netflix compitió por su primer Oscar a mejor película con Roma, la exploración por la memoria del cineasta mexicano Alfonso Cuarón sobre su infancia en Ciudad de México. Y el que el filme triunfara en ciertas categorías deja claras las ambiciones de Netflix: es prácticamente la única empresa de medios y tecnología en la actualidad que quiere hacer de su cosmopolitismo una manera de ganar dinero.