El muro invisible que todavía divide a Alemania

La noche del 9 de noviembre de 1989, Andrea estaba con su familia en la sala de su pequeña casa en Hamburgo cuando de pronto suena el teléfono.

Su mamá se apresura a responder la llamada y, luego de un silencio que pareció eterno, dice lentamente: «Prendan la televisión».


Siguiendo la orden de su esposa, Gert Fisher toma el control remoto y, un par de segundos después de haber encendido la TV, se derrumba en el suelo y rompe a llorar.

Andrea, que en ese entonces tenía solamente 13 años, recuerda que luego de escuchar la noticia de la caída del Muro de Berlín, le surgieron unas ganas incontrolables de tomar un tren con destino a la capital alemana para vivir ese momento histórico. «Era muy joven y tenía un espíritu libre y revolucionario», explica con emoción.