El negocio del narcotráfico es ajeno al veredicto del Chapo

El veredicto de culpabilidad en contra del capo mexicano Joaquín Guzmán Loera es uno de los logros más visibles para las autoridades estadounidenses en la lucha contra el narcotráfico desde que esta empezó en los años setenta; es una victoria legal frente al dirigente de un cártel que sobrevivió y prosperó durante décadas gracias a sus habilidades empresariales, actos de violencia brutal y sobornos a funcionarios mexicanos.

Sin embargo, el 31 de enero pasado —exactamente el mismo día en que terminó el juicio a Guzmán Loera, o el Chapo, antes de las deliberaciones del jurado— los oficiales fronterizos estadounidenses en Arizona anunciaron una confiscación histórica: la carga más grande de fentanilo interceptada en todo Estados Unidos. El narcótico iba escondido en un camión de pepinos que pasó por el cruce en Nogales, que el Cártel de Sinaloa del Chapo ha utilizado durante años.


El decomiso del fentanilo, para un total de 100 millones de dosis letales, es una clara señal de que los agentes antinarcóticos todavía tienen mucho trabajo por hacer para desmantelar a los cárteles mexicanos incluso después de la labor ardua que fue conseguir un veredicto en contra de Guzmán Loera. Lo más probable es que ese veredicto tenga poco efecto a largo plazo en el Cártel de Sinaloa o en el esfuerzo más generalizado de detener el narcotráfico.