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miércoles 4 de agosto de 2021
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El nuevo Bolsonaro: con Covid-19 y lleno de «paz y amor»

No hay dudas de que, en las últimas semanas, el presidente brasileño Jair Bolsonaro ha hecho un giro inédito en su comportamiento al contener su instinto esencialmente violento y muy poco dispuesto al diálogo, aceptando los principios de equilibrio entre los poderes de la república.

En los últimos días, el mandatario envió señales de buena voluntad a los presidentes de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, y del Senado, David Alcolumbre, mientras contenía sus ataques al Supremo Tribunal Federal (STF, la Corte brasileña) y comenzaba a desvincularse de sus seguidores más extremistas, con los cuales antes fraternizaba entre gritos contra los jueces a favor de la dictadura. La consistencia de su cambio solo la confirmará el paso del tiempo. Pero las razones que lo motivaron son muy conocidas: el riesgo real de no terminar su mandato y, consecuentemente, no imponer al país su agenda de costumbres conservadora.

Contagiado. Para su nueva versión “paz y amor” –como Lula da Silva se definió en la campaña de 2002 para ilustrar su giro centrista y no asustar a los mercados– Bolsonaro comenzó un retiro en el Palacio de la Alvorada, la residencia oficial, tras anunciar que se había contagiado el Covid-19. Si realmente ha sido incluido entre los más de 1,7 millón de brasileños contagiados con coronavirus, como dudan muchos en el país, poco importa en este momento. El hecho es que salió del centro de la atención temporariamente mientras trata de bajar la interna bélica de su entorno –ideólogos de ultraderecha, militares, evangélicos y políticos del llamado Centrão– y responder con acciones a las crecientes presiones de empresarios e inversores en favor de la adopción de una política de preservación de la Amazonía y de una conducción más sensata del país.

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