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sábado 28 de noviembre de 2020
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El panelismo de Estado empieza a mostrar sus limitaciones

Mientras Mauricio Macri alienta desde Europa catarsis colectivas como la del 17A, el ejercicio real de la autoridad presidencial está lejos de avalar sus advertencias sobre un giro autoritario de Alberto Fernández. Muy por el contrario, la toma de decisiones clave parece haberse empantanado y no por las disidencias que cada tanto plantea Cristina Kirchner por Twitter ni por la dinámica deliberativa propia de toda coalición. Aturdido quizá por una pandemia que no cede, el Presidente paga caro el costo de haberse entregado -junto a algunos de sus más estrechos colaboradores- a un vicio típico de los panelistas de televisión: comentar la realidad aun antes de haber terminado de analizarla.

El problema asomó con nitidez en el aumento de los combustibles. Más allá del ruido adicional que introduce sostener a un secretario de Energía a quien ya prácticamente nadie dirige la palabra, como Sergio Lanziani, los cruces públicos de 15 días atrás en torno al atraso de las naftas llevaron a que la decisión terminara por ser tomada casi en la clandestinidad. El martes al caer la noche, apenas un par de horas antes de que llegara a las estaciones de servicio de YPF la orden de cambiar el precio de las pizarras, solo cuatro personas sabían del ajuste promedio del 4,5% que se introduciría: el propio Fernández, Cristina, el CEO de la petrolera, Sergio Affronti, y el ministro de Producción, Matías Kulfas.

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