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viernes 26 de febrero de 2021
Cursos de periodismo

El pasado puro que trae el llanto

En este momento, un médico forense está abriendo en canal el cadáver de Diego Maradona en la morgue de San Fernando. Escribo en línea con ese acontecimiento para poder asumir, por fin, que a partir de ahora el mundo comenzará a girar sin él a la velocidad crucero de la indiferencia y creer, porque ya es hora, en su paso material por esta vida.

El mundo no es un Olimpo. Es un conventillo lleno de incidentes en el que Maradona intentó existir. A alguien le tocó ser Maradona mientras los demás lo contemplábamos con los vicios por el detalle y las proporciones de un paisajista, es decir con ensoñaciones de perfección y una ilusión de unidad. Pero las pretensiones de encapsular a Maradona en un régimen que salvara el equilibrio de sus componentes, su armonía interior y su obligación nunca asumida como ejemplo nacional, fracasó muy temprano.

Apenas llegó a Barcelona en 1982, comenzó a desplegar sus contragolpes contra la letra chica del pacto fáustico que sus dones le hicieron firmar con sangre. El primer punto de la línea del tiempo del Maradona punk, con ese carácter de dos tonos aplicado a “los boludos que, como las hormigas, están en todos lados”, es contemporáneo de su debut en los escenarios del entretenimiento global.

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