martes 27 de septiembre de 2022
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El pelotón y el comandante: Vaca Narvaja, Montoneros y un diálogo imaginario

El comandante del sueño de Akira Kurosawa (en El túnel) camina después de la guerra. Vuelve a casa, cruza ese túnel. Va a paso firme hasta que aparece, caminando de atrás, un soldado muerto, un soldado que ignora su propia muerte. Tiene la cara azul. Hablan. El muerto mira en una colina la casa encendida de sus padres, se la señala: hay luz en casa, me esperan. Pero el comandante lo convence de que está muerto. Y ocurre algo peor: del túnel aparece un batallón entero. Muertos, formados y marchando. Ahora el comandante quiere convencer a todos de que perdieron, de que están muertos. Con la culpa encima del que dio las órdenes, él les cuenta su propio calvario en un campo, les jura que también hubiera preferido morir, hasta que finalmente decide darles una última orden militar (una que reabsorbe todas): acepten la muerte. El pelotón da media vuelta y regresa, se pierden en el túnel caminando.

La historia invertida: a un comandante no lo persigue un pelotón sino que a un pelotón lo persigue un comandante. Fernando Vaca Narvaja es como el sueño al revés. Camina detrás de un pelotón que vuelve a casa, y ese pelotón, formado entre vivos, muertos, sobrevivientes, quizás algún día lo convencerá de que el proyecto murió. Quizás, incluso, entre la tropa lleven la cabeza del padre del comandante Vaca Narvaja. Vaca Narvaja es una familia diezmada. Una familia cruzada por el dolor argentino. Y la cabeza del padre la cortaron los impiadosos que no pudieron cortársela a él, a ese hombre, que es un hombre del que nadie podrá decir: fue un cobarde. Pero el comandante del sueño que dice perdimos y morimos acá funciona en espejo: el pelotón le diría “perdimos y morimos, comandante”. Porque nunca dijo ¡guarisover!, nunca dijo la conducción: “perdimos, volvamos a casa”. Faltó ese retorno. Quizás el “sesgo de clase”, de elite, de la conducción montonera resida también ahí: en su exitismo. No perdimos. Vamos a pelear que tuvimos razón hasta el último día.

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