El periodismo argentino en el sótano de los servicios

El periodismo político argentino tuvo su bautismo de lo que será el año electoral con un episodio que es síntoma de la influencia que tienen los servicios de inteligencia en el troquelado de las ediciones informativas y opinativas predominantes en el país. Conmovida por un caso que involucra a uno de sus miembros, y antes incluso de preocuparse por conocer los detalles del episodio, la élite periodística se abocó a reproducir encuadres que juzgan lo sucedido, desplegando así una nueva batalla interpretativa en la que el fin parece justificar los medios.

El caso es una de las esquirlas de las revelaciones publicadas por Horacio Verbitsky en “El cohete a la Luna” sobre las extorsiones del falso abogado Marcelo D’Alessio, quien alegaba operar a favor del fiscal de la causa Cuadernos, Carlos Stornelli. La denuncia original por extorsión fue realizada por el productor agropecuario Pedro Etchebest y tiene ramificaciones que tocan los nervios de la familia judicial, del sistema político y del estamento periodístico, como lo muestran los calificativos que hoy usan en sus ediciones los medios que hasta hace dos meses citaban habitualmente a D´Alessio como experto en narcotráfico.


La evidencia reunida por el juez federal de Dolores, Alejo Ramos Padilla, indica en uno de sus capítulos que D´Alessio procesaba información profesional y personal de los contertulios del ciclo televisivo “Animales Sueltos” (América TV), dedicado a opiniones sobre la coyuntura y conducido por Alejandro Fantino. Los datos que reunía D´Alessio alimentaban reportes clandestinos de inteligencia del ex policía bonaerense y sindicado servicio Ricardo Bogoliuk y sus insumos eran provistos por quien era uno de los panelistas de “Animales” y periodista de Clarín, Daniel Santoro, sobre sus ex compañeros de trabajo (al conocerse este detalle de la relación con D´Alessio, Santoro dejó el programa y manifestó que D´Alessio lo había “infiltrado”). El juez Ramos Padilla reveló que los informes de los detenidos D´Alessio y Bogoliuk en este caso estaban identificados como “Operación Fantino”.