El placer por las series nos salva las noches

Una amiga mía, al preguntarle por su estado de ánimo después de varias, graves e irreparables roturas sentimentales, indagando sobre su convivencia con ese temible asaltante nocturno llamado soledad (también diurno, pero su ataque puede ser más llevadero), me aclara con relativa tranquilidad que ha sustituido a sus parejas por el enganche a las series de televisión. Y me recalca que no hay pánico ni anticipada claustrofobia al abrir la puerta de su casa al atardecer, porque sabe que el nuevo novio que la está esperando va a endulzar sus horas antes de que Morfeo bendiga su sueño. Y a veces, sin tener que dar cuentas a nadie, está en gozosa compañía de ese adictivo amante hasta el amanecer. Y mañana más. O sea, Arcadia todas las noches, como tituló Guillermo Cabrera Infante uno de sus hermosos tributos a ese cine que tantas veces le provocó el nirvana.