El porno sigue dividiendo a las feministas

Cincuenta años después, la escritora estadounidense Siri Hustvedt escucha la grabación de la conferencia que Susan Sontag dio sobre pornografía en Nueva York y toma una idea sobre los actos lujuriosos y la inmoralidad que suponen. A partir de esa reflexión repasa la relación del erotismo con la literatura y concluye que, en la actualidad, el porno sigue dividiendo a las feministas. Un adelanto de “La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres”, de Seix Barral.

Cuando Susan Sontag habló sobre la pornografía clásica en una de las cinco conferencias que pronunció en el centro cultural neoyorquino de la calle 92nd Street Y, tenía treinta y un años y había publicado su primera novela, El benefactor, un libro que obtuvo críticas de todo tipo pero que fue muy promocionado en el mundo literario de Nueva York. Además, colaboraba para The New York Review of Books y había publicado en la Partisan Review un ensayo titulado «Notes on Camp» que descolocó a las chattering classes, los sectores intelectualoides. Habló como defensora de aquello que está más allá del gusto y el entendimiento de los estadounidenses de clase media más instruidos. Tenía una misión y ésta era sacudir los aburridos lugares comunes de la novela realista contemporánea, y se encontró a sí misma en posición de hacerlo, una posición maravillosa si uno lo piensa. La multitud se vuelve para oír hablar a una intelectual joven y muy culta sobre los méritos de la pornografía, aunque sea una versión restringida de la misma, lo que podría llamarse pornografía literaria.