El protectorado austral de Trump, de la campaña del miedo a la del humo

Christine Lagarde no les adelantó nada, pero su relación llegó a un punto de tal intimidad que alcanzaron a intuirlo. El fin de semana, en la cumbre del G-20 en Osaka, tanto Mauricio Macri como Nicolás Dujovne encontraron a la renunciante jefa del Fondo Monetario de mejor humor que el habitual. Y el martes al mediodía terminaron de entender por qué. Su salida del Fondo para asumir al frente del Banco Central Europeo (BCE) la catapulta de un organismo antipático y deslegitimado por una larga historia de ajustazos y pronósticos fallidos a uno prestigioso y con interlocutores de peso global. Todo ganancia para la abogada que de chica no consiguió ingresar a la École National de Administration (ENA) pero que terminó por convertirse igual en la mujer más poderosa de su país y en algunos años, con un poco de suerte, aspira ahora a presidirlo.

Algunos en el Gobierno inflaron el pecho con la noticia. «Su éxito es reflejo del nuestro», se oyó en la Jefatura de Gabinete, con el siguiente razonamiento: si el programa de asistencia financiera que Lagarde le concedió a Macri es el mayor de la historia del Fondo, que la hayan ascendido es una demostración de que el G7 (el club de las naciones más desarrolladas) está conforme con su aplicación.


La realidad es que el ascenso llega pocos meses antes de que el programa deba ser renegociado, gane quien gane las elecciones. Es lo que admitió en reserva a Lagarde el jefe del Departamento del Hemisferio Occidental del Fondo, Alejandro Werner, luego de sus entrevistas con Alberto Fernández y Roberto Lavagna de la semana pasada. Lo que no pudo llevarse es lo que venía a buscar, al menos según concluyeron en ambos campamentos opositores por su insistencia: un compromiso escrito de esos dos candidatos de que mantendrán la hoja de ruta fijada por Macri, al menos en sus trazos generales: ajuste fiscal, aspiradora de pesos contra la inflación, respeto del calendario de pagos a los acreedores y reducción gradual de impuestos.