El punto de partida

Parece hoy hace un siglo, pero el 18 de mayo ocurrió una corrida electoral. La peor corrida para Cambiemos. La corrida contra la que no había tasas que subir. La corrida en la que se corrió Cristina lo suficiente para estar de dos modos: presente con sus votos fieles, ausente en esa grilla televisiva que se llamaba “discutamos a Cristina”.

Agosto vino con tarifazo electoral: parece que no hay vuelta atrás, dijo una mayoría del pueblo argentino. Alberto alcanzó y superó el piso sólido de 45 puntos. Regla irreversible del triunfo. Y fue tal el mensaje de las urnas que al otro día Alberto se convirtió en presidente electo y todos los jugadores del poder real, cansados de ese juego a las escondidas del titiritero Peña, se fueron a pedir turno para visitar el bunker de la calle México. En la Unión Soviética solían decir que sus ciudadanos “votaban con los pies”; en criollo, tomándoselas cuando podían. En Argentina podría decirse que el poder vota por teléfono: los llamados de esa semana de agosto fueron unidireccionales hacia Alberto, rubricando no sólo la caída del Gobierno sino también el fin del mito del “doble comando”. Como el propio Marcos Galperín, que ya no tenía tiempo de discutir el capitalismo de plataformas con Juan Grabois. Macri hizo honor a su juego de fantasmas, dijo lo obvio, lo literal y lo formal, dijo que “la elección no ocurrió”.