martes 24 de mayo de 2022
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El regreso de Lula

Luiz Inácio Lula da Silva polariza las elecciones presidenciales brasileñas desde la segunda vuelta de 1989 y volverá a ser el personaje principal de los comicios de este año. Figura épica, vivió experiencias de miseria en su juventud, antes de convertirse en obrero metalúrgico. Luego se volvió una pieza clave de la clase trabajadora en la redemocratización de Brasil, por su participación sindical y en las huelgas de los 80, liderando la creación del Partido de los Trabajadores (PT) y de la Central Única de Trabajadores (CUT). En el transcurso de su gobierno, se transformó en una figura política de importancia global. ¿Cómo entender la situación política actual y su retorno al centro de la escena?

El punto de inflexión se sitúa en las protestas de 2013. Luego de una década de gobiernos petistas marcada por el ascenso social de decenas de millones de personas, la irrupción de las protestas abre un nuevo ciclo político. Para bien o para mal, marcó el fin de una etapa. Terminó la estabilidad y se agudizó el conflicto distributivo debido a la dificultad para profundizar (e incluso continuar) el proceso de disminución de las desigualdades sin tocar los intereses concretos de los sectores más privilegiados. La “magia” del lulismo –distribuir a los pobres sin sacarles a los ricos– encontró allí su límite. Los gobiernos de Lula habían involucrado una paradoja: moderación y ausencia de “reformas estructurales” y, al mismo tiempo, un fuerte giro simbólico y material a favor de los más necesitados. Durante aquellos años se produjo una expansión de las oportunidades de vida y de las perspectivas de lucha gracias a una serie de políticas sociales (el plan Bolsa Familia, cuotas raciales y sociales para beneficiar a los excluidos de la enseñanza superior, la expansión de la universidad pública y la universalización del acceso a la electricidad). Hubo también mejoras económicas (aumento del salario mínimo, créditos rurales y populares), culturales, novedosos mecanismos de participación y nuevos vínculos con el mundo: la política de no aceptar un lugar prefijado en el concierto global y el fomento de las relaciones Sur-Sur, el apoyo a la integración regional y el impulso de nuevas alianzas. Ese conjunto de políticas benefició –e inclusive transformó– al electorado petista hasta hoy, con el realineamiento electoral detrás de la figura de Lula y la conquista de los más pobres, sobre todo en el Nordeste, que antes temían y ahora permanecen leales al PT.

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