miércoles 21 de noviembre

El relato macrista se mete en las publicidades

La publicidad termina con un flaco corriendo sobre un deck y unas palmeras a los costados y de fondo se ve una laguna en el atardecer. El flaco sostiene una bandera argentina que flamea. La música “emotiva” redondea el tono de la voz en off que ya dijo todo: dijo que te podés ir pero que tenés que volver, que este país es un quilombo y no va a cambiar, que tenés razón. Y para graficarlo redujo todo a dos cosas: la inconducta social piquetera y la inflación que pone el precio del tomate por las nubes. El quiebre es el “volvé” por los que te bancan a muerte. Para graficar los que te bancan a muerte te ponen a los que te van a buscar a Ezeiza: la parentela, los amigos, los hijos, francachela. “Acá le ponemos garra a todo. Laburamos mucho y nos levantamos temprano. Y por suerte todo sigue igual. Así que andate a la montaña pero volvé porque nosotros te cuidamos. Y que hoy más que nunca (sic) vale la pena pelearla.”

Es la reciente publicidad de Assist Card que completa una serie de hitos de la comunicación política: las empresas que se asumen como acompañantes terapéuticos de la crisis. Tal como el “rol del político” durante el timbreo: horizontalidad, escucha atenta de los problemas, mano en el hombro y todos nos convertimos en comentaristas de una realidad a la que decidimos no transformar porque, básicamente, este país está demasiado transformado. Desahogate y las cosas como son, como están. Y eso porque, en simultáneo, se intuye que el problema de los argentinos es interior. Del mundo interior de cada uno. Casi diríamos: para integrarnos al mundo tenemos que cambiar el mundo interior primero. Mi mundo privado. Un “cambio cultural” que implica una revisión de la individualidad. ¿Qué como, qué pido, cuánto trabajo y cuánto no, por qué quiero el aumento? Como decía la gran poeta Mirta Rosemberg: “toda guerra es interior”.


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