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sábado 28 de noviembre de 2020
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El serio peligro de que la oposición sea copada por un discurso fanático e irracional

En el año 1985 apareció en la Argentina un brillante libro de ensayos que despertó una fuerte controversia. Se llamaba Montoneros. La soberbia armada y había sido escrito por Pablo Giussani, uno de los intelectuales preferidos por Raúl Alfonsín. Para muchos militantes de izquierda era un texto pecaminoso porque se atrevía a bucear, desde una perspectiva liberal y democrática, en las razones del fracaso de la guerrilla. La prosa de Giussani era, además, implacable, irónica e hiriente. Uno de los puntos básicos de la argumentación de Giussani giraba alrededor de la incapacidad de la guerrilla de reconocer la existencia de regímenes democráticos. Eso resultaba especialmente claro en el caso uruguayo, pero también en el resto del continente. Si alguien ataca a la democracia porque cree que en el fondo lo que existe es una dictadura, finalmente lo que hace es contribuir a debilitar el consenso con la democracia y a facilitar la llegada de una dictadura, sostenía Giussani.

Desde hace algunos años, en la Argentina, existe una sostenida corriente de pensamiento y militancia para la cual la democracia no es democracia salvo que gobiernen quienes nos simpatizan. De ese marco conceptual surgió la consigna “Macri, basura, vos sos la dictadura”, que se coreó durante los cuatro años del gobierno democrático de Mauricio Macri. En estos días, ese fenómeno se reproduce de manera casi idéntica aunque con inversión de roles. Para el día de mañana, por ejemplo, un sector importante de la oposición ha convocado a una marcha en defensa de la democracia. Esa convocatoria supone que la democracia, una vez más, está amenazada por el Gobierno. O sea que, en el fondo, estamos ante un intento de instalar una dictadura.

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