El sincericidio de Tinelli en su regreso a la tevé

¿Y ahora qué? La televisión es una droga que produce acostumbramiento. Por más que se intente correr el umbral del asombro, no hay manera de seguir sorprendiendo a la audiencia ni siquiera con aperturas superlativas. Así que después del megadespliegue de bailarines y acróbatas, super efectos especiales, multiescenarios y poliritmos musicales, en el debut número 28 de su programa Tinelli sacó de la manga su última carta, la más eficaz: él mismo. Sobreactuado a fuerza de sinceridad brutal en una ficción con coro de famosos autorizados por libreto a burlarse de sus circunstancias personales.

Visto desde el living, este regreso se pareció a una confesión. La de una lucha interna entre el deber ser (aquel Gran Show) y ese deseo impreciso que al señor de la tele se le viene escapando de las manos.


Hasta el quiebre entre los dos módulos que abrieron el ShowMatch 2017 sonó a mensaje cifrado. Un pasaje violento de la galaxia estelar al bondi realista. Los derroches condensados en el revuelto musical le cedieron paso a un show autobiográfico del conductor dispuesto a exhibir y regodear al público con sus templadas miserias. Porque esta vez Tinelli eligió que los participantes estelares del sketch lo “gastaran” a él.