lunes 26 de septiembre de 2022
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El síndrome de impostor es un superpoder en el ámbito profesional

Tengo un nuevo lema: Abraza a tu impostor interior.

En un reciente episodio del podcast de Lex Fridman, Magnus Carlsen, posiblemente el mejor ajedrecista de todos los tiempos, confesó sentir “síndrome del impostor”. El tema de discusión, para ser claros, era el ajedrez, no la política mundial.

El síndrome del impostor es algo positivo. Cuando busco talentos, busco personas que se sientan afectadas por el síndrome del impostor. Si creen que no están cualificados para hacer lo que hacen, es una señal de que están poniendo las miras muy altas y alcanzando un nivel de logro nuevo y quizá sin precedentes.

Ahora más que nunca la gente parece estar abriendo nuevos caminos a edades muy tempranas o sin todas las credenciales estándar. Carlsen, por ejemplo, fue el mejor jugador de ajedrez del mundo a los 19 años, el más joven en ostentar esa designación. A veces debió pensar: “¿Cómo ha ocurrido esto?”. Cuando Kobe Bryant y LeBron James se saltaron el baloncesto universitario y pasaron directamente a la NBA, esas trayectorias profesionales eran inusuales y controvertidas. Lo lograron, y muy pronto ellos también dejaron de ser considerados impostores.

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