martes 11 de diciembre

El sistema de crédito social chino

En mayo de 2018 China inauguraba un nuevo método de control social destinado a premiar y castigar a los malos ciudadanos. Esta revolución puede reinventar el concepto de gobernanza y traer una nueva sociedad de clases a largo plazo que los países democráticos pueden sentirse tentados de aplicar.

“La civilización no tiene en absoluto necesidad de nobleza ni de heroísmo. Ambas cosas son síntomas de ineficacia política”, sentenciaba un personaje de Un mundo feliz (1932), de Aldous Huxley. En esta distopía literaria se había conseguido terminar con la anarquía internacional creando un Estado mundial omnipotente que, mediante la perfecta división en clases —fruto de la ingeniería genética y el acondicionamiento— y el control social a través del entretenimiento, había conseguido paz perpetua.


El personaje equipara civilización a estabilidad y paz social de una manera tan pragmática que todo lo que atenta contra ello es, sin duda, una falacia política, un obstáculo innecesario. Nobleza y heroísmo, esas cualidades románticas que en la ficción de Huxley desaparecen por completo, no tienen cabida en el Estado contemporáneo. Las antiguas ideas —el liberalismo, los derechos humanos, el derecho a la intimidad y a la privacidad…— no hacen sino obstaculizar la protección del “bien común”. A cambio, pan y circo adecuados a las necesidades de cada capa para evitar el cuestionamiento político.

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