jueves 15 de noviembre

El sistema que conspira para que Macri no termine su mandato

En la tarde de ayer, luego del cierre del dólar apenas por debajo de $40, Infobae publicó que, para los bancos de Wall Street, Mauricio Macri debería implementar un ajuste de “shock”. En los últimos días, varios comunicadores de habituales vínculos con el sector financiero explicaron que es necesario reformar el sistema previsional, es decir, bajar las jubilaciones. Cualquier persona criteriosa sabe lo que pasaría en el país si se tomaran estas medidas. En principio, al Gobierno le sería complicadísimo que una reforma de ese estilo se aprobara. Pero si, por medio de un milagro lo lograra, ese ajuste frenaría aún más la actividad económica, eso haría caer la recaudación y eso provocaría una crisis más aguda de confianza. Entonces, los bancos de Wall Street pedirían otro ajuste de shock. Y así, hasta que una crisis social tremenda acabe con el gobierno actual.

Las personas adultas que han vivido en este país en los últimos 20 años ya conocen esa seguidilla porque fue la que derrumbó al gobierno de Fernando de la Rúa en el año 2001. Algunos lectores lo recordarán. Ante una crisis de confianza, el Gobierno anunció en marzo de ese año que reduciría los salarios públicos un 13%. Eso generó una bruta recesión que aumentó el déficit fiscal. Los “mercados” reclamaron más ajuste. El Congreso aprobó una ley de déficit cero. Se profundizaron la recesión y el déficit. La fuga de capital se aceleró. Pidieron más ajuste y más shock. Y así, hasta el helicóptero.


Es muy raro, dados estos antecedentes, que ante la estampida del dólar tanto el Gobierno como los bancos, los fondos de inversión y el Fondo Monetario Internacional insistan en las mismas recetas. Como estos, finalmente, son los que deciden el rumbo del dinero, ese sistema atrapa a Macri. Si los ignora, o al menos eso cree él, tiene los días contados. El problema es que si los obedece también. Como se ve, hay un sistema endemoniado (que no se llama peronismo) que lo empuja hacia el abismo.

La pregunta, en estos días, es más que obvia: ¿hay solución?

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