El streaming ha conseguido que contaminemos más escuchando música que cuando usábamos CDs

Para explicarlo tendremos que echar mano de un interesante análisis de la Universidad de Glasgow publicado ayer mismo. Matt Brennan y Kyle Devine han analizado el consumo y la producción de música grabada en Estados Unidos desde sus inicios, partiendo del fonógrafo y llegando a los formatos de nuestros días.

Para medir el impacto medioambiental, divisible en plástico generado y gases de efecto invernadero, han tenido en cuenta el volumen de gastos acumulados por producción. Es decir, tanto se produjo en copias en el año de máximo apogeo de cada formato, tanto contaminaron en su año dorado.


Así, por ejemplo, en 1977 se vendieron en Estados Unidos 344 millones de unidades de vinilos, con un coste medioambiental de 58.000 toneladas de plástico y 140.000 toneladas de emisiones de gases contaminantes. Avanzamos hasta el año 2000, en pleno apogeo de los CDs, y tenemos que ellos se llevaron 61.000 toneladas de plástico y 157.000 de gases. Eso sí, habiendo vendido la friolera de 942 millones de copias. Casi el triple.