El sufrimiento del pueblo más odiado por el Estado Islámico

Sus ojos azules relucen en el desierto, traspasando la túnica gris y vaporosa de lino. Sea Haso mira hacia un horizonte plagado de tiendas blancas mientras cae el sol. Se cubre su tez pálida para no ser reconocida, pero muestra algunas de sus facciones. Tiene 24 años, parecen 30. Son las marcas de un cruel destino, de la esclavitud y del dolor.

Fue liberada hace pocos meses junto a cinco de sus hijos tras pasar tres años secuestrada por el Estado Islámico, pero la paz nunca llegó. Las noches se hacen eternas, las pesadillas vuelven una y otra vez atormentando su mente. Es incapaz de olvidar a su marido asesinado y a los tres hijos que continúan cautivos en Raqqa, Siria. Hoy vive en el campo de refugiados de Essian, en la ciudad iraquí de Duhok, junto a otras 34.000 personas, mientras intenta reunir el dinero suficiente para pagar el rescate de sus otros vástagos.