El trabajo de Annie Leibovitz en «Women» es una obra en constante evolución

Una mañana reciente en su estudio de fotografía en Nueva York, Annie Leibovitz estaba hablando afectuosamente con su amiga de muchos años, Gloria Steinem, sobre una sesión fotográfica que hicieron juntas.

La imponente Leibovitz, con el cabello largo y blanco que bajaba por su blusa negra abotonada, recordó haber señalado el escritorio desordenado de Steinem en la esquina de su casa el año pasado y después dijo: “Esa es tu cabina de mando”.


“Creo que es importante que un joven estudiante o escritor te vea trabajando”, le había dicho Leibovitz.

En el retrato terminado, que ahora está montado en una pared, Steinem, la activista política y defensora de las mujeres, de 82 años, fue captada mientras se encontraba abstraída —o preocupada— ante su computadora, rodeada de libros y papel, y bañada por el brillo de su lámpara de escritorio. “Desde luego, es el lugar que tiene más significado para mí”, dijo Steinem, “porque ahí es donde escribo… y donde no soy capaz de escribir”.