sábado 21 de mayo de 2022
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El triunfo de Durán Barba

Lo que llaman pejotismo es un tigre de papel, un mito del “poder detrás del poder” con el que siempre se especuló: detrás de todo estaba el consejo de sabios y prudentes que le garantizaban gobernabilidad a tal o cual dirigente. Es una media verdad. Pero no existe el Partido Justicialista del modo contundente en que se invoca. Existe, pero es otra cosa.

El peronismo siempre fue una versión del peronismo. Con Menem, con Duhalde, con Kirchner. Y hasta con Perón. La idea de unidad es derrota. El peronismo que “vuelve” siempre nace más de una ruptura interna que de un estado de unidad ideal. Siempre deja marginados y echados del templo. Lo que se llama “pejotismo” es una red de gobernadores, intendentes, legisladores, dirigentes sociales y sindicales tradicionales con representaciones a diversa escala que razonablemente se niegan a vivir una pura resistencia frente al gobierno de Macri como si sólo estuvieran en el llano, es decir, están dispuestos (casi obligados) a fijar una negociación permanente con el Estado nacional. No quiere decir que sean “tropa”, sino que no pueden perder su poder y su poder es capacidad de negociación. A priori dividiría a la oposición entre los que representan algo (una provincia, un municipio, una rama de la producción, un colectivo de trabajadores u organizaciones de la llamada “economía popular”) y los que no representan más que a sus ideas.

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