El triunfo de la unidad y el desafío de no ser Cambiemos

Fue con todos. Alberto Fernández, antes jefe de Gabinete, funcionario todoterreno, operador, componedor, facilitador de acuerdos, resultó electo en primera vuelta y será presidente de la Argentina a partir del 10 de diciembre. Pero su triunfo, mucho más ajustado de lo previsto, fue el fruto de una construcción colectiva que tuvo a Cristina Fernández de Kirchner como arquitecta, ideóloga y propiciadora, se nutrió del poder del peronismo territorial, construyó la unidad sobre las bases fragmentadas, recibió con los brazos abiertos a los hijos pródigos y cimentó con peleas, debates, negociaciones, renunciamientos y acuerdos el camino a la victoria, sobre la que ahora el flamante presidente electo deberá pararse para administrar tensiones y matices.

Cristina lo anunció en diciembre de 2017, unos días después de que el oficialismo interrumpiera su luna de miel con el electorado para sancionar en el Congreso la reforma previsional. “Voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para lograr que el 10 de diciembre de 2019 otro argentino esté en la Casa Rosada para conducir los destinos del pueblo. No me importa quién”, trazó el rumbo la ex presidenta.