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lunes 12 de abril de 2021
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El ventilador de De Vido, el peor de los miedos del establishment

Los más de nueve millones de votos que cosechó Cambiemos en todo el país, el triunfo del candidato mudo Esteban Bullrich sobre Cristina Kirchner y el aplastamiento de los gobernadores peronistas wannabe postkirchneristas terminaron de alinear al poder permanente detrás de Mauricio Macri y colocaron al oficialismo tras una nueva meta: la reelección en primera vuelta (con más del 45% de los votos) en 2019. La consagración de ese escenario será el lunes en el CCK, donde recién ayer empezaron a ser citados empresarios para oír de boca del Presidente los lineamientos de su plan de “reformismo permanente”. Pero los gremios y Comodoro Py eligieron anticiparse y sobreactuaron su rendición incondicional ante el poder plebiscitado en las urnas. El encarcelamiento en tiempo récord de Julio De Vido y la venia de la cúpula sindical a la reforma laboral que empuja Jorge Triaca no fueron más que la escenificación apresurada de lo que viene para los próximos meses. El único temor de los empresarios, que comparten en líneas generales el espíritu reformista presidencial, es que De Vido cuente todo lo que sabe. Su rol como bisagra con el mundo de los negocios lo hizo dueño de secretos que preocupan a buena parte del establishment.

A la misma hora que Julio De Vido entraba a Comodoro Py tras eludir como poste a la Gendarmería y encargaba a los periodistas un champán para Elisa Carrió, su sucesor en las alturas del Palacio de Hacienda, Guillermo Dietrich, llegaba para la sobremesa a Aldo’s, el restó a la vuelta de la AFIP que se convirtió este año en el epicentro de la rosca cambiemita. Tan habitué de sus mesas como lo fuera hasta hace poco Amado Boudou, a quien se llegó a sindicar como su dueño en las sombras, al ministro de Transporte lo esperaban el jefe de asesores de Macri, José Torello, y el mayor retirado Juan José Gómez Centurión. Bromas y brindis aparte, los secretos que se llevó consigo al penal de Ezeiza el exministro de Planificación sobrevolaron el final del almuerzo.

El financista Luis Ribaya es uno de los protagonistas de esas anécdotas de aviones privados, giras presidenciales y fines de semana en el refugio devidista de Puerto Panal. Fue eyectado el mismo miércoles del directorio del Banco Nación al mismo tiempo que el radical mendocino Enrique Vaquié y el antiguo escudero del ultraortodoxo Pedro Pou, Alejandro Henke. Pero a diferencia de ellos, no recalará en ningún otro raviol del organigrama. Lo salpica una amistad con De Vido que Macri conocía pero había decidido soslayar. Hasta esta semana.

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