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martes 3 de agosto de 2021
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El virus invierte los papeles históricos del norte y el sur en Italia

El 8 de marzo, pasadas las dos de la madrugada, la estación de tren de Milán se llenó de napolitanos, calabreses y gente de otras regiones meridionales arrastrando maletas hechas a toda velocidad para huir hacia el sur. Las imágenes, captadas por las cámaras de seguridad de aquel día, supusieron un inesperado cambio de paradigma en la historia de Italia. Por primera vez desde la unificación del país, desde los tiempos del crecimiento de la FIAT en Turín y la inmigración masiva, el éxodo se producía en dirección contraria. Una hipérbole que ha encontrado en las siguientes semanas sus réplicas en distintos formatos políticos y sociales. Camino de los 13.000 muertos y una gestión dudosa de la crisis del coronavirus, en Roma crece la idea de que Lombardía debería ser intervenida por una gestora. El gobernador de Campania (región de Nápoles) ha advertido de que no dejarán entrar a sus ciudadanos y en el Ejecutivo afilan los cuchillos para pasar cuentas con la agresiva retórica septentrional.

Las brechas entre norte y sur, la famosa Italia a dos velocidades, se agranda cada día cuando a las seis de la tarde se publican los datos de contagios. Sucede en sentido opuesto a las agujas del reloj de la historia, el virus ha cambiado las tornas. El lunes fueron 60 nuevos casos en Lacio, 45 en Campania, tres en Calabria. En Lombardía, sin embargo, alcanzaron los 735; 292 en Piamonte, 307 en Emilia Romaña. Las cifras de fallecimientos son también demasiado desiguales: En Lombardía han muerto oficialmente 12.376 personas con coronavirus desde que empezó la crisis. En Lacio, la región de Roma, 349. Unos datos que invitan a pensar que si Italia dejase de contar el problema en Lombardía, que no es exclusivamente fruto de la densidad y dinamismo de Milán, atravesaría una crisis muy distinta.

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