jueves 6 de octubre de 2022
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El yogurt podría ser el antidepresivo del futuro

Tradicionalmente, las emociones están ligadas al corazón. Pero en el plano corporal, sentimos con las tripas: el subidón de la adrenalina, las “mariposas en el estómago” del amor e incluso –paradójicamente– las corazonadas, son metáforas de algo que ocurre en nuestro sistema digestivo. Y según los microbiólogos, hay una buena razón para ello.

Una veta interesante de investigación es la que busca la conexión entre las bacterias, microbios, gérmenes y la química cerebral. Una ruta puede ser el nervio vago, que va del cerebro al estómago y es constantemente estimulado por bacterias; a su vez, el nervio vago estimula la producción de neurotransmisores, que en gran parte determinan cómo pensamos y nos sentimos.

Y es que nuestros intestinos son el hogar de decenas de miles de bacterias. De hecho, las bacterias constituyen el 90% de las células de nuestro cuerpo, y se estima que existen más neuronas en el tracto digestivo que en el cerebro mismo. De hecho, el psiquiatra James Greenblatt incluso ha afirmado que “los intestinos en realidad son tu segundo cerebro”, investigando sus implicaciones para las enfermedades mentales. Pero, en otro ámbito, ¿podríamos decir que nuestra alimentación afecta cómo pensamos a nivel neuronal?

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