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martes 27 de octubre de 2020
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Emerge la realidad y vuelven a pesar los votantes

Si Cristina Fernández de Kirchner no está detrás del reclamo de los intendentes del conurbano contra Edesur, debería estarlo. La presión de los jefes comunales de la tercera sección electoral contra el mal servicio de la empresa que pertenece a los italianos de Enel nace del bastión inexpugnable del cristinismo, una fortaleza de lealtades que resistió incluso al huracán amarillo de 2017.

Martín Insaurralde, Fernando Gray, Mayra Mendoza, Mariano Cascallares, Juan José Mussi y otros seis mandatarios entre los que también figura el macrista de la primera hora Néstor Grindetti agotaron todas las instancias: hicieron presentaciones ante la distribuidora que abastece a 2 millones y medio de personas, fueron a audiencias públicas, iniciaron demandas judiciales en los tribunales federales y, ahora, le pidieron una auditoría de inversiones al Ente Regulador de la Electricidad. Nada alcanzó. Pese al tarifazo monumental que ordenó Mauricio Macri en sus cuatro años de gobierno, las quejas son permanentes, las obras necesarias no se hicieron y la falta de control fue la norma.

Los intendentes actúan ante la presión social de los vecinos de los barrios que se quedan sin luz de manera recurrente y del conflicto potencial que se abre en territorios cada día más sensibles. Lo hacen en defensa propia ante una realidad que no espera al fin de la pandemia y emerge en medio del encierro. También ante la ausencia de todo horizonte: la concesión de la empresa en la que el Estado italiano es socio de Nicolás Caputo lleva casi tres décadas y tiene por delante 67 años más. Menem lo hizo (y nadie quiso o pudo deshacerlo).

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