En 10 meses, los argentinos fugaron capitales por US$ 700 millones más de lo que repatriaron desde 2015

Una de las frases de cabecera de la actual administración fue “volver al mundo”. Con el arreglo de los “hold out” el camino quedó despejado para que nuestro país se reinsertara plenamente en las finanzas globales, pero ¿qué aconteció en estos tres años?

Desde el estallido de la crisis los argentinos han “fugado” más de 50.000 millones de dólares. La tendencia, de profundizarse, enciende las alarmas en un año donde el Gobierno pretende llegar a las elecciones con un dólar calmo que esta semana mostró inquietud.


El regreso la Argentina a los mercados de deuda fue a toda orquesta. Así se sucedieron colocaciones de deuda de todo tipo y color: privadas, públicas, nacionales, provinciales, en dólares, en pesos, indexadas, de corto plazo y hasta se nos concedió la excentricidad de emitir un bono a 100 años.

Como suele suceder en los mercados financieros, la reversión fue abrupta. Hace algún tiempo el economista argentino Guillermo Calvo acuñó el término de “sudden stop” para ejemplificar el particular comportamiento de los flujos de capital hacia naciones emergentes.

En su análisis, señalaba que estos frenos súbitos en los flujos de capital que ingresan a un país pueden -inicialmente- no estar estrictamente relacionados con un cuestionamiento a la solvencia de éste, pero pueden devenir rápidamente en una profecía autocumplida donde los fondos salen porque se percibe inestabilidad, y se percibe inestabilidad porque los fondos salen.

La crisis de balance de pagos que sufrió nuestro país el año pasado parece una evidencia más, de las tantas, de lo riesgoso que puede resultar salir a navegar las aguas de las finanzas internacionales sin las debidas precauciones.