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miércoles 27 de octubre de 2021
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En Ashley Madison nada es lo que parece

¿Qué lleva a una persona que se propone entablar relaciones clandestinas a pagar el servicio con su propia tarjeta de crédito? ¿Cómo se le ocurre, si es un funcionario público, registrarse con la dirección de correo electrónico que le provee el Estado? ¿Cuál es el mecanismo mental que conduce a alguien a exponer en Internet su intimidad de la manera más cruda con nombre, apellido y domicilio reales?

Tal es el escenario que surge tras el robo masivo de datos de Ashley Madison, el mayor sitio para infieles de la Web (sí, dicho así ya empieza a sonar extravagante; volveré enseguida sobre el punto, porque es clave), con unos 124 millones de visitas por mes y 37 millones de suscriptos. Como ocurrió con las fotos de celebridades el año último, los afectados no sólo fueron víctimas de los piratas informáticos, sino también de una fractura cultural. Compraron la ilusión de que las computadoras son de alguna manera infalibles. Que en Internet podemos ser anónimos. Que los bits son confiables simplemente porque son nuevas tecnologías.

lanacion.com.ar  (www.lanacion.com.ar)