En busca del tiempo perdido: la percepción de la vida cotidiana en cuarentena

    «El tiempo es una de las pocas cosas importantes que nos quedan», dijo Salvador Dalí. En estos meses de cuarentena extendida y sin fecha cierta de salida, la imagen de los relojes derretidos pintados por el artista catalán en el cuadro «La persistencia de la memoria» refleja una de las tantas nociones del tiempo que genera el confinamiento. Un tiempo estirado hasta el infinito, que se nos escapa de las manos, y que se repite en un loop eterno, aun cuando creemos que lo tenemos controlado.

    «El tiempo está fuera de quicio», exclama Hamlet cuando ve el fantasma de su padre muerto. Esta cita de William Shakespeare es una de las elegidas por Darío Sztajnszrajber en estos días extraños para abordar la sensación de tiempo desquiciado compartida por muchos. «La cuarentena ha puesto en entredicho nuestra percepción del tiempo cotidiano. Como dice Bernhard Welte, vivimos ‘ahoras decisivos’: situaciones temporales que nos hacen tomar conciencia de que estamos atravesados por el tiempo. En general, vivimos el tiempo pero no estamos preocupados por el tema. Y es una gran preocupación porque el tiempo estructura nuestra subjetividad, más allá de que marca nuestra finitud». Para el autor de Filosofía a martillazos, entre otros exitosos libros de divulgación filosófica, «lo que se desencaja en la cuarentena es la forma en la que percibimos el tiempo productivo en la vida cotidiana. Estamos tan encaramados en una idea de tiempo lineal como una cadena de montaje que, de repente, este paréntesis, nos desencaja por completo porque el tiempo productivo estructura nuestra subjetividad».