En el país que deja Macri, a nadie le sobra nada

Son tantas las notas no escritas sobre la frustración que genera Mauricio Macri entre los grandes empresarios que podrían llenar las páginas de un libro negro. Es lógico que no se difundan en las plataformas que están para sostener al Presidente pero no deja de ser un desperdicio en el país del ajuste. Más allá del resultado de octubre, la decepción del Círculo Rojo con el ensayo amarillo sería de lo más ilustrativo para narrar el fracaso oficial. El abismo entre lo que se esperaba y lo que muestran los datos del INDEC sobre inflación, consumo, recesión y empleo; esa noticia que no se puede contar, aunque sea capaz de traer consecuencias electorales.

Salvo para los valientes, la desilusión es un dolor difícil de explicitar por al menos dos razones: primero, porque Macri todavía figura como competitivo ante la ausencia de alternativa para el antikirchnerismo y puede, tal vez, quedarse cuatro años más. Segundo, porque implicaría aceptar la magnitud del error propio en los que creyeron y obligaría a la autocrítica, una palabra también prohibida entre los que casi nunca pierden.


La paradoja gatilla lindas escenas: sindicalistas que llamaron al paro la semana pasada tienen que hacer de psicólogos de dueños, a los que ven más seguido que a sus propios afiliados. Son pocos los que, como el salteño Jorge Brito, cargan con el rencor jurado del Presidente y cuentan, al mismo tiempo, con la posibilidad de plantar dos candidatos en las elecciones que vienen. Para el resto, es Macri o confiar en que el elegido de Cristina Kirchner hará su propio juego, aún después de ser empoderado.