domingo 23 de septiembre

En la Argentina no todo va mal

Argentina, el país con más psicólogos per cápita del mundo, oscila cíclicamente entre la euforia y la depresión. Después de una década de optimismo a la altura del precio de la soja, la autoestima nacional se encuentra de nuevo por el piso, golpeada por la fractura moral que revelan los escándalos de corrupción y una crisis económica a la que Mauricio Macri no logra encontrarle una solución.

No es casual que en estos días desdichados vuelvan a aparecer las visiones que interpretan la historia argentina como un largo proceso de declive, que podría haber comenzando en 1945 —con el primer populismo— o en 1976 —con el giro neoliberal de la dictadura—.


Esta perspectiva decadentista, sin embargo, podría ponerse en duda. Es cierto, por supuesto, que Argentina lleva años tratando de resolver algunos problemas estructurales y que en materia económica ha tenido una trayectoria decepcionante. También es cierto que en las últimas décadas el país creció mucho menos que sus vecinos y ha fracasado en consensuar un modelo de desarrollo más o menos sostenido. Pero no es verdad que todo haya ido siempre mal: la Argentina ha consolidado algunos logros sociales que es indispensable reconocer y proteger.

Una de esas victorias es el sistema educativo público, uno de los equilibradores sociales más efectivos en la historia nacional. Pero ahora, en medio de una nueva crisis financiera y bajo un gobierno paralizado por la visión derrotista, esa conquista podría estar en riesgo.

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