miércoles 19 de diciembre

En las favelas de Brasil, atrapados entre policías y pandillas

El título del libro de João Pina, 46 750, tiene una precisión fría y lúgubre. La cifra no es una referencia a un código postal ni a un monto de dinero ahorrado: representa el número de asesinatos en Río de Janeiro desde 2007 hasta 2016.

De pronto, esa cifra cobra un significado importante para las pandillas de narcotraficantes que gobiernan las favelas de Río; para la policía y el Ejército, que los combate o les acepta sobornos, y para la población que está atrapada en el medio. Esa década en que Brasil fue anfitrión del Mundial de Futbol y de los Juegos Olímpicos, estuvo repleta de campañas de pacificación que solo desviaban la violencia hacia otros lados mientras el gobierno, corto de fondos luego de gastos deportivos exorbitantes, parecía incapaz de salir adelante.


“Los servicios públicos se están desmoronando”, dijo Pina en una entrevista telefónica desde su país de origen, Portugal. “Hay menos trabajo para los pobres. Es una situación de gran crisis social en la que las personas que están atrapadas en medio del conflicto piden la presencia de un Estado cuyo gobierno no tiene dinero. Estos enormes eventos deportivos crearon sueños grandiosos que se han convertido en desilusiones ahora que ha llegado el momento de pagar la factura”.

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