En Netflix se cocina el capitalismo

En principio Netflix podría parecer como algo revolucionario, pero sólo si no se la considera -en su totalidad- de un modo muy crítico. En general, no sólo ha modificado de modo fundamental aquello que tiene que ver con el consumo de medios– aunque de todas maneras también lo ha hecho la plataforma de streaming, que es el tipo y manera en la que consumimos series y películas-, sino que también lo ha hecho en relación con los contenidos. Este fenómeno es específicamente llamativo en el género de programas dedicados a la cocina, porque los de Netflix no se parecen en nada a los programas de cocina de la tarde en Alemania.

En lugar de tales programas, Netflix emite programas tales como La tabla del chef, Feamente delicioso o también Sal, Grasa, Ácido, Calor, que son distintos y no sólo por su estética perfectamente acorde al espíritu del momento, sino porque junto a los platos se ponen en escena también -y muy especialmente- a las cocineras y los cocineros, sus formas de vida y sus convicciones, cosa que con mucha frecuencia van más allá del mero amor por la cocina y por los ingredientes singulares, y se atreven incluso a arrojar una mirada sobre las relaciones sociales.