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lunes 14 de junio de 2021
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En qué casos la prisión domiciliaria con tobillera electrónica demostró ser una mejor alternativa al encarcelamiento

Cuando Fernanda fue encarcelada, sus hijos quedaron desamparados. Fue en 2016. Tenían 5, 12, 13, 15 y 16 años. El más chico se fue a vivir con una vecina. Otro viajó a Entre Ríos, a lo de su papá. Los tres más grandes siguieron en la casa, pero a cargo de su tía que vivía en el mismo barrio de San Fernando, en San Rafael, en el norte del conurbano. Los cinco dejaron la escuela.

El mes que viene se cumple un año desde que Fernanda volvió a su casa. Está presa, pero no encarcelada: un juez le dio prisión domiciliaria con la idea de que acompañara a sus hijos. Para controlarla, le pusieron una tobillera electrónica que muestra en tiempo real su ubicación y emite una alarma en caso de que salga de su casa. Sus hijos están con ella y retomaron la escuela. Fernanda trabaja: cocina y cose ropa en su casa. Le quedan 2 de los 7 años de prisión que le dieron por vender cocaína y marihuana.

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