En qué piensa Tinelli mientras prepara su regreso a la TV y el festejo por los 30 años de su programa

¿En qué piensa Marcelo Tinelli mientras atraviesa la vigilia de su retorno a la televisión, nada menos que para festejar las 30 temporadas de su exitoso programa insignia? ¿Cuál es el Tinelli con el que se reencontrará el próximo lunes ese público que le fue tan fiel y que no deja de respaldarlo desde hace tres décadas? No es por supuesto el mismo que desembarcó en la pantalla para poner en marcha Videomatch con un escritorio, un equipo muy pequeño y un compilado de imágenes con bloopers como primer y único recurso visual. Tampoco el que fue construyendo ladrillo a ladrillo el edificio televisivo desde el cual instaló su sello indiscutido en todos los libros de historia como el conductor más poderoso y de mayor influencia en la TV de aire durante el último cuarto de siglo.

El Tinelli que se prepara para reaparecer en la pantalla de El Trece con la promesa de un tributo a los 30 años de su programa y el simultáneo lanzamiento del «Super Bailando» es muy probable que se mueva al influjo de ese doble impulso. El de viajar hacia atrás por medio de un reconocimiento-homenaje a su propia historia televisiva y el que se prepara a conciencia para un futuro en otra dimensión. Como las parejas de famosos que desfilan por su competencia danzante, Tinelli sale a la pista con un sueño bajo el brazo. Su propio sueño. Para lograrlo deberá meterse en más de un baile. Y a alguno de ellos seguramente llegará sin proponérselo, aunque confía en su voluntad, en el poder simbólico que fue acumulando y sobre todo en su intuición para evitar cualquier paso en falso. Salir a la pista sin entrenamiento suficiente para enfrentar ciertos desafíos expone a cualquier competidor a una eliminación temprana. Tinelli lo sabe. Toda figura que acumula tantos éxitos se siente naturalmente un ganador. Y quiere llegar hasta el final en todo lo que se propone.