martes 7 de diciembre de 2021
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En una derrota, el peronismo encontró el atajo para creer que puede volver a ganar

El peronismo festejó que gambeteó una catástrofe. La celebración eufórica de la derrota, que Alberto Fernández encabezó en el Complejo C, visibilizó la profundidad de una crisis que estaba en gestación y que, al menos por ahora, se neutralizó. La convocatoria presidencial a festejar «el triunfo» en Plaza de Mayo el próximo miércoles no fue un equívoco: dimensiona el pánico que el dispositivo del Frente de Todos (FdT) le tenía al día después de otra paliza electoral.

Los tres puntos que la boleta de Victoria Tolosa Paz le recortó a la tira de Diego Santilli en la provincia de Buenos Aires -lo que significó pasar de perder por 350 mil votos el 12-S a hacerlo por 110 mil este domingo- tuvo un efecto monumental: adormeció la guerra santa en el FdT. No se eliminan las diferencias que siguen ahí, al acecho, pero le devolvieron la ilusión de que hay, quizá, destino más allá del 2023. Traducido: que tiene sentido seguir unidos.

Las primarias, con una mancha amarilla que cubrió casi todo el país, no solo rompieron el mito de que el peronismo unido gana elecciones, también funcionaron como una suelta de fantasmas internos y pusieron a germinar la tesis de que en el futuro esperaba, otra vez, el despoder como entre 2015 y 2019. La elección general aportó un manojo de datos saludables -se dieron vuelta dos provincias y varios municipios- pero, sobre todo, se instaló la idea de que no todo está perdido.

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