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lunes 14 de junio de 2021
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Enojo y política

La nota de Paula Canelo “Que nadie se enoje” publicada en El Destape aviva el debate político y cultural. Es, en ese sentido, un nuevo aporte que la investigadora realiza como intervención intelectual pública y, tanto si se acuerda o no con sus planteos, o si se acuerda parcialmente, merece reconocimiento. En el ejercicio de la crítica, la autora se compromete con la búsqueda de mejoras a la acción política, a su eficacia y a su laborioso proceso de legitimación social.

La columna de Canelo reivindica, así, la crítica como espacio de construcción política. Quien destina tiempo y capacidad a la elaboración de críticas fundadas exhibe responsabilidad y solidaridad con la proyección de respuestas a los problemas sobre los que argumenta.

Un colega brasileño hace un chiste sobre lxs argentinxs que es fraternalmente demoledor: “qué es un argentino” pregunta, y responde tras un par de segundos: “una persona enojada”. Uso la broma para estetizar un punto de apoyo elemental que funda gran parte de los análisis políticos, y sobre hay abundancia de libros y debates en la Argentina de las últimas cuatro décadas (por lo menos): el magma conflictual que es inherente a la sociedad, a su estructuración económica y a su disputado orden político, genera pulsiones agradables e irritantes. Todo en su medida, poco armoniosamente. Esa cualidad conflictual que expresa intereses diversos es partera de acuerdos y desacuerdos, de satisfacciones y enojos, e involucra, pues, aspectos programáticos, hechos y emociones. La política incluye el enojo, sí, pero no se reduce a él. Tampoco es pura alegría, aunque en algunos casos proporcione dicha.

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