Ernestina, la guerrera impensada

Ha muerto Ernestina Herrera y con ella uno de los testimonios directos de la vida política y empresarial de la Argentina de casi el último medio siglo, en varios de cuyos pasajes bélicos tuvo un papel destacado a pesar del esfuerzo por contener sus apariciones públicas y pulir una imagen de asepsia empresarial. Fue en 1969 cuando tomó la conducción de Clarín tras el fallecimiento de su pareja, Roberto Noble, quien había fundado la empresa en 1945 y, por consejo de éste, delegó la conducción periodística y corporativa en los cuadros del desarrollismo que respondían a Rogelio Frigerio (abuelo del actual ministro del Interior).

El obituario oficial del grupo Clarín destaca de Herrera “su compromiso con la libertad de expresión, su reivindicación de la independencia editorial y económica de los medios, y su defensa del periodismo profesional” que “le valieron logros y reconocimientos en el país y el mundo. Pero al mismo tiempo, le significaron ataques y persecuciones en distintos momentos de su vida”.


Las investigaciones más serias y documentadas hechas sobre Clarín y publicadas en años recientes, cuyos autores son Martín Sivak y Graciela Mochkofsky, muestran la evolución de Ernestina Herrera desde sus primeros escarceos clandestinos con Noble hasta la actualidad y permiten discutir esas afirmaciones. A pesar de su fama juvenil y del carácter irresoluto con el que la describen ex directivos y columnistas del diario, Ernestina Herrera echó de Clarín a la vieja guardia desarrollista justo en el momento en que las huestes de Frigerio se alzaban con la cabeza de su adversario José Alfredo Martínez de Hoz, entonces ministro de Economía de la dictadura, y consagró el ascenso de Héctor Magnetto (ex colaborador de Frigerio).