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miércoles 27 de octubre de 2021
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Es inútil edificar murallas contra la inmigración

La gran migración que está llegando a Europa es una fábrica de tragedias. Al mismo tiempo, es un proceso de transformación histórica extraordinario y muy complejo. Nadie tiene la receta para solucionar los enormes problemas de orden político, social, cultural, espiritual y económico creados por este inmenso éxodo. Y nadie que tenga un poco de vergüenza y honestidad intelectual puede subirse a una cátedra y lanzar acusaciones frívolas; acusaciones que, además de no brindar ningun aporte, alimentan rencores contra los países cuyos dirigentes irresponsables profieren tan ligeras ofensas.

Para tratar el tema con seriedad, hay que advertir que no estamos frente a una «emergencia», sino ante un cambio destinado a durar décadas y a dejar un mundo diferente del que conocimos. Y no durante un tiempo, sino para siempre. Al final, la sociedad de la vieja Europa será mucho más multicultural de lo que ya es, y las sociedades de las que han salido los migrantes se habrán transformado también. Frente a cambios tan grandes, es estúpido, además de inútil e inhumano, edificar murallas. Pero no es menos inútil pensar que basta predicar la hermandad y lanzar cruzadas moralistas contra el egoísmo, un viejo refrán que suena bien, pero aporta poco. Lo que sirve es más política europea, y buena política, en el sentido más noble de la palabra: capacidad de pensar el futuro, de esquivar trampas ideológicas para fomentar la instrucción, el empleo, la protección social de los inmigrantes, y, al mismo tiempo, de establecer un criterio certero y eficaz sobre la base del cual seleccionarlos, acogerlos y distribuirlos entre los diferentes países. Los refugiados que huyen de las guerras, por ejemplo, deben tener prioridad. ¿Esto pondría fin a los viajes de la muerte en alta mar? Es improbable, pero crear canales de migración legal y organizada podría limitarlos.

lanacion.com.ar  (www.lanacion.com.ar)