lunes 23 de mayo de 2022
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«Es la política, estúpido»: el silencio de Fernández y lo que Guzmán evita decir

Hay, en el registro íntimo de Alberto Fernández, dos momentos medulares de la crisis política con Cristina Kirchner. Los dos, encadenados en un lapso de 40 días, fueron protagonizados por Máximo Kirchner y tuvieron que ver con el acuerdo con el FMI. Uno fue la renuncia, nada espasmódica, a la jefatura del bloque del FdT que oficializó, con una carta áspera, el 31 de enero, tres días después del anuncio del entendimiento. El otro fue el voto no positivo de Kirchner, junto a otros 17 diputados, el 11 de marzo.

Para Fernández, aquella renuncia fue una acción quirúrgica, metódica, orientada a jaquear los efectos positivos, en términos políticos y económicos, que creía que tenía el anuncio pero que se alteraron con la carta incendiaria de aquel lunes. Dos años esperando poder dar la noticia de un acuerdo, y duró 72 horas porque la renuncia de Máximo rompió el clima e instaló el concepto de que el acuerdo era malo.

Con el tratamiento en el Congreso ocurrió lo mismo: Fernández, quizá con un exceso de voluntarismo, fantaseó con que al final Máximo y los diputados de La Cámpora votarían a favor o se abstendrían, pero no. Esa madrugada escuchó, además, datos de que delegados de Cristina y referentes camporistas, y hasta su amigo porteño Víctor Santa María, habían operado para sumar votos negativos o abstenciones en el FdT.

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