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miércoles 4 de agosto de 2021
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Escritoras latinoamericanas: algo está pasando

Y de pronto, estuvo ahí: la idea de que algo estaba sucediendo. Un susurro, compuesto por una trilogía de palabras —boom, escritoras, latinoamericanas—, empezó a recorrer el ecosistema literario hace algunos —pocos— años. En ferias y congresos, el susurro se materializó en debates que se anunciaron con nombres como: «Autoras: ¿el nuevo canon de América Latina?». En los títulos de los suplementos culturales cobró forma de afirmación exaltada: «El nuevo boom latinoamericano está escrito por mujeres»; «Las escritoras que revolucionan las letras latinoamericanas». Boom. Escritoras. Latinoamericanas. Debates, artículos, títulos repiten la idea desde hace dos o tres años. ¿Qué acontecimientos labraron esa cosmogonía de palabras? ¿Qué fue lo que le dio forma? No hay un mojón. Pero: en 2017, la argentina Samanta Schweblin quedó en la lista del Man Booker Prize International por su novela Distancia de rescate. Varios latinoamericanos habían sido nominados a ese premio que existe desde 2005 —César Aira, Mario Vargas Llosa, entre otros—, aunque jamás una latinoamericana. La presencia de Schweblin se celebró con sorpresa, orgullo. Y lo mismo pasó cuando, al año siguiente, la argentina Ariana Harwicz quedó en esa lista por su novela Matate, amor. Y lo mismo pasó cuando, en 2019, la mexicana Valeria Luiselli quedó en esa lista por Los niños perdidos. Las crepitaciones empezaron a lanzar chispas cada vez más incandescentes: ese año, la argentina Mariana Enriquez ganó el Premio Herralde con su novela Nuestra parte de noche, además del Premio de la Crítica en España, lo que la transformó en la primera latinoamericana en recibirlo y la quinta mujer de un total de 63 premiados (el galardón se entrega desde 1956); Schweblin volvió a quedar en la lista del Booker Prize, esta vez con Pájaros en la boca, un volumen de cuentos, impensable para un premio de ese tipo (donde las novelas reinan y los relatos, sobre todo provenientes de ámbitos periféricos, se enfrentan a la potentísima tradición sajona), y la chilena Alia Trabucco quedó incluida con la novela La resta (otro latinoamericano, el colombiano Juan Gabriel Vásquez, también fue seleccionado por La forma de las ruinas). Hacia atrás y hacia delante, el año se prodigó en reconocimientos: varias argentinas ganaron premios internacionales (Claudia Piñeiro, el Blue Metropolis [Canadá]; María Moreno, el Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas [Chile]; Ángela Pradelli, el premio a la mejor novela publicada en español en China por La respiración violenta del mundo, otorgado por la editorial People’s Literature; Luisa Valenzuela, el Premio Internacional Carlos Fuentes [México]; María Gainza, el Sor Juana Inés de la Cruz, otorgado por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, por su novela La luz negra; Selva Almada, el First Book Award, en Edimburgo, por su novela El viento que arrasa); y entonces, en ese in crescendo cada vez menos sutil, llegó 2020 y la mexicana Fernanda Melchor obtuvo en Berlín el Premio Internacional de Literatura, la argentina Camila Sosa Villada ganó el Premio Sor Juana Inés de la Cruz por su novela Las malas, la misma Fernanda Melchor y las argentinas Gabriela Cabezón Cámara y —otra vez— Samanta Schweblin quedaron seleccionadas al Booker Prize con Temporada de huracanes, Las aventuras de la China Iron y Kentukis, respectivamente, y en 2021 Mariana Enriquez quedó seleccionada en la short list de ese premio con Los peligros de fumar en la cama.

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