miércoles 24 de octubre

Escritores tumberos: del Gordo Valor a Robledo Puch, la moda de los ladrones y asesinos que escriben libros

El Gordo Valor robó más de cincuenta blindados armado con fusil, pero cuando se propuso escribir uno de esos golpes violentos comprobó que había olvidado los detalles. “Qué se yo, fue tan rápido. Ahí no pensás. Nos bajamos, apretamos, pum, pum pum y nos rajamos con la guita”, dice como si hablara de un trámite o de algo que desconoce. Desde hace un año, el ex líder de la superbanda que robaba bancos y blindados se propuso escribir en la cárcel de Campana sus memorias en cuadernos Rivadavia tapa blanda naranja. Su libro será publicado por Planeta en 2018.

“Escribo porque estoy viejo, me quedé sin balas y si escribo, no robo más. Estuve prófugo 244 días, me escondí en los peores lugares, pasé hambre y frío. Extrañé a mi mujer. Pero me enteraba que la policía me buscaba vivo o muerto, que había helicópteros rodeando la casa de mi mujer, de mis hijos. Salía en los diarios: ‘El líder de la superbanda’, ‘El enemigo público número 1´. ‘El hombre que maneja un ejército de ladrones que asaltan blindados y se llevan la plata de a millones’. Ese fui yo. El delito me permitió ser alguien”. El papel donde escribió ese fragmento huele a encierro: una mezcla de humedad y olor a papa hervida. O a rata muerta mojada. Así huele la prisión según Valor. La mano de Valor tiene pulso feroz, hunde la lapicera hasta agujerear la hoja. Quizá eso les pasa a los hombres que están más acostumbrados a empuñar un arma que una lapicera. Como si la culata de una pistola moldeara la palma de una mano.


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