¿Está bien que la TV Pública tenga programas religiosos?

La mediatización de la religión es un hecho. Indisimulable y, por lo visto, cada vez más extendido. El uso de los medios electrónicos se convirtió en una política común a todos los credos. Sea a través de la compra de espacios en las programaciones de radio y televisión, o con la adquisición directa (o gerenciamiento) de licencias, la presencia religiosa tiene cada vez más actividad fuera de iglesias, sinagogas, templos o mezquitas. Aunque tal vez no alcancen status de sagradas, las pantallas pasaron a ser un nuevo lugar de culto.

La llegada a la programación de la TV Pública de Buenas noticias, el ciclo semanal de la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA), fue el último y tal vez más sintomático paso del fenómeno. Si bien la pantalla estatal cuenta entre su programación con ciclos dedicados a otras religiones, el estreno por primera vez en la historia de la TV Pública de un programa evangélico sirve como disparador de un debate que se vuelve cada vez más necesario y para el que Página/12 consultó a distintos especialistas: ¿debe el canal estatal cederle espacio de programación a la religión? ¿O, acaso, la pantalla pública no debería ser laica?