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martes 27 de octubre de 2020
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Estados Unidos: al borde del abismo

Nuestro presidente está clínicamente loco. Lo sabe el mundo, lo sabe el Partido Republicano y lo saben hasta sus seguidores. Además ha cometido docenas de delitos y actos merecedores de la destitución estando en el poder, y lo único que le salva es que son tantos que nadie logra centrarse en uno solo. Hace unas semanas, un lunes, nos enteramos de que no había pagado impuestos en 10 de los últimos 15 años. Al día siguiente, durante un debate con Joe Biden, dijo a los miembros de las milicias supremacistas que “se retirasen y se mantuvieran a la espera”; a la espera de una guerra civil. Hacia el final de esa semana supimos que les habían diagnosticado la covid-19 a él y a otras 32 personas del personal de la Casa Blanca.

Hemos tenido 200 semanas así, unas semanas que parecen años, que habrían acabado con cualquier otra presidencia. Estamos hartos de este circo.

Los republicanos se consideran conservadores, pero los años de Trump han sido los más radicales y radicalizadores de la historia moderna de Estados Unidos. Trump y su Gobierno son erráticos, irracionales y reaccionarios y están dispuestos a hacer pedazos cualquier parte de la Constitución que sea un obstáculo para obtener sus caprichos. El lema de Ronald Reagan era que el Gobierno debía ser eficiente pero pequeño, nada entrometido, casi invisible. Pues bien, en estos cuatro años hemos tenido que lidiar a diario con el Gobierno que más se ha inmiscuido en nuestras vidas de toda la historia de nuestro país. Trump está cada día en nuestras narices, contando mentiras y fomentando la discordia y el odio, y lo peor de todo es que su incompetencia absorbe constantemente nuestra atención. Su presidencia es un accidente de automóvil del que llevamos cuatro años sin poder apartar la vista.

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