Estados Unidos, la democracia que intenta que muchos ciudadanos no voten

En 1965, Martin Luther King caminó desde Selma hasta Montgomery, en Alabama, para protestar contra las maniobras de legisladores blancos por todo el sur del país para evitar que los afroamericanos votaran. En aquella época, en Selma vivían más personas negras que blancas, pero los negros sólo constituían el 2% del censo electoral.

Más de 50 años después, en 2018, una prima de King, Christine Jordan, llegó con 92 años a su colegio electoral en Atlanta, Georgia, con la intención de votar en las elecciones legislativas como había hecho siempre. Le dijeron que no figuraba en las listas.


«Es horrible, ha organizado reuniones en defensa de los derechos civiles en su casa y ahora no aparece en las listas», señaló su nieta, Jessica Lawrence, ante lo sucedido. El caso de Jordan no es extraño. Pese a que Estados Unidos se vanagloria en la celebración de elecciones libres y limpias y aunque el derecho a voto esté consagrado como uno de los principios fundacionales de su democracia, cada vez hay más indicios de un intento sistemático por evitar que un número creciente de ciudadanos puedan ejercerlo.