¿Estamos a las puertas de un nuevo «efecto caipirinha»?

Mientras quienes sean finalmente designados altos funcionarios del área de Economía de Alberto Fernández seguramente ya se encuentran ideando las medidas iniciales como para domesticar la más aguda estanflación que la economía padece en los últimos veinte años, una duda acuciante asalta la mente de quienes deben tomar decisiones y del público en general: ¿está Brasil en las puertas de un gran episodio de desestabilización? Las noticias acerca de la caída del real en las últimas ruedas, sumado eso al hecho de que la economía brasileña no parece despegar en modo alguno y a la más que triplicación de la deuda pública en los últimos 10 años han comenzado a generar urticaria. Más aún si se tiene en cuenta que los episodios sociales -que derivaron también en crisis financieras- acaecidos en Ecuador, Chile y Bolivia no ayudan de manera alguna.

La pregunta tiene mucho sentido, sobre todo si se recuerda que la caída de la convertibilidad y la más grave crisis financiera que sufrió la Argentina allá por finales de 2001, se materializó al poco tiempo de que Brasil devaluase de manera apreciable su moneda, factor que dio el “tiro de gracia” a un régimen de convertibilidad que sólo se mantenía vivo con el pulmotor de más deuda y deuda externa.