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jueves 15 de abril de 2021
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¿Estamos acabando con la pobreza o sólo es propaganda capitalista? La guerra abierta en la academia

Lo hemos repetido una, dos y mil veces. Es uno de nuestros mantras favoritos. El mundo es complejo y está lleno de desafíos y conflictos, pero en general, hemos de ser optimistas: la humanidad va a mejor. Entre otras cosas porque cada vez hay menos pobres. Lo decimos nosotros, el Fondo Monetario Internacional, Naciones Unidas, Bill Gates y muchos más.

Al respecto de esta cuestión ha estallado en estos últimos tiempos una importante batalla tanto académica como ideológica. En enero de 2019 Jason Hickel, antropólogo económico especializado en desigualdad global y ecología política, publicaba una columna en The Guardian compartida miles de veces que daba la vuelta a este esperanzador axioma. Se centraba en los trabajos de Max Roser, economista e investigador de Oxford, junto a sus compañeros de Our World in Data, cuyos gráficos son de los más compartidos al respecto y que muestran ese declive en la cantidad de personas viviendo en la extrema pobreza en los últimos 200 años. Decía el antropólogo, con razón, que los recuentos económicos previos a 1980, cuando los registros se universalizaron y estandarizaron, no son demasiado fiables, con lo que no puede darse por bueno con todas las garantías el relato de que estemos ante un descenso progresivo de la gente pobre.

Segundo, y tal vez más importante: que establecer un mínimo de 1,90 dólares diarios per cápita para no figurar como persona en pobreza extrema es marcar una línea obscenamente baja. Esos 1.90 dólares es la llamada Línea Internacional de Pobreza de la ONU, y ese era el monto marcado por el Banco Mundial para ser “extremadamente pobre” en 2015. Antes de eso fueron 1,25 dólares, antes de 2005 era un dólar, etc. La referencia se consigue mediante estadísticas que se van actualizando estimando qué es ser pobre en los quince países más pobres del planeta y con cuyos datos se hace después una media con una tasa de cambio que obtiene los precios en Paridad de Poder Adquisitivo para reducir las distorsiones entre países y monedas locales.

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